Los afrodisíacos son sustancias a las que se atribuye la capacidad de aumentar el deseo sexual o la potencia. Muy a menudo se trata de alimentos y bebidas corrientes. Desde hace mucho se cree que tienen este efecto el champán, el café con jengibre, canela y leche de cabra, el marisco o los albaricoques batidos con jalea real. Uno de los afrodisíacos con más fama de potente es la yohimbina, un alcaloide de la corteza del árbol africano yohimbe. Sin embargo, es una sustancia con un fuerte efecto sobre el corazón y la tensión arterial, y puede ser peligrosa para la salud.
Conviene aclarar desde el principio que el efecto de la mayoría de los afrodisíacos no está demostrado científicamente y que su fama se basa sobre todo en la tradición, las creencias y el poder de la sugestión.
Clasificación de los afrodisíacos
Según su finalidad, los afrodisíacos se dividen en dos grupos:
- remedios normalmente de carácter mágico, a menudo los llamados filtros de amor, que debían hacer que alguien se enamorara o sintiera atracción por una persona concreta (en polaco se los llamaba antiguamente «lubczyki», por la planta levística);
- sustancias que debían aumentar las capacidades sexuales, sobre todo mejorando la erección del hombre o excitando a la mujer, no necesariamente relacionadas con el amor.
Según su forma de actuar, en cambio, se distinguen varios tipos de afrodisíacos:
- mágicos: en la mayoría de los casos no contienen ninguna sustancia capaz de actuar sobre el organismo de la forma esperada;
- mágicos o populares, a los que se atribuye un efecto real gracias a las sustancias que contienen;
- populares o tradicionales, sin dimensión mágica: por lo general, determinados alimentos o bebidas. A veces la tradición atribuye propiedades afrodisíacas a platos elaborados con productos cuya forma recuerda al miembro masculino (espárragos, colmenillas, brotes tiernos de bambú, puerros). Algunos pueden, de hecho, influir favorablemente en la sexualidad, por ejemplo por su alto contenido en ciertos oligoelementos y vitaminas o por su elevado aporte calórico. Pero comer ciertos «afrodisíacos» puede ser muy peligroso: un ejemplo es el pez japonés fugu, que contiene un veneno mortal;
- remedios de la medicina natural y popular: la ciencia ha comprobado el efecto de algunos, mientras que otros han resultado perjudiciales. La llamada mosca española (cantárida, que contiene cantaridina) es un veneno potente que puede causar graves daños renales e incluso la muerte. La fe en los remedios tradicionales contribuye además a la caza de especies animales amenazadas y a la recolección de plantas protegidas; un buen ejemplo es el cuerno de rinoceronte usado en la medicina china;
- medicamentos modernos: los preparados de la industria farmacéutica actúan de distintas maneras. Algunos se basan sobre todo en el efecto placebo, reforzado con vitaminas y oligoelementos bien elegidos; otros mejoran la irrigación de los cuerpos cavernosos del pene o actúan sobre el sistema nervioso. Los fármacos para la disfunción eréctil se venden con receta y solo deben tomarse bajo control médico;
- alcohol y drogas: su efecto consiste casi siempre en rebajar las inhibiciones, la timidez y la vergüenza o en provocar euforia y excitación. Sin embargo, suponen un riesgo serio para la salud y no tienen nada que ver con una «ayuda» segura para el amor.
También son, en cierto modo, afrodisíacos los cosméticos que, según sus fabricantes, contienen feromonas humanas y aumentan el atractivo sexual de quien los usa.
Ejemplos de afrodisíacos
La tradición y la cultura popular atribuyen efecto afrodisíaco a muchísimos productos:
- alimentos: aguacate, fresas, bistecs (sobre todo poco hechos o en tartar), cebolla (especialmente la sopa de cebolla), chocolate, caza, setas (armilarias, colmenillas, trufas), huevos (en especial los de codorniz), caviar, mejillones y almejas, miel, nueces, ostras, puerros, pescado (entre otros, trucha y sardinas), apio, quesos (roquefort, quesos de cabra), frutas secas (dátiles, higos, albaricoques) y espárragos;
- especias: chile, rábano picante, canela, ajo, ajedrea, nuez moscada, jengibre, cardamomo, pimienta, pimienta de cayena, vainilla y alcaparras;
- hierbas y preparados vegetales: loto, levística, muira puama, damiana (turnera), preparados de ginkgo y caramelos e infusiones de ginseng;
- bebidas: chocolate, cacao, café, champán, diversos cócteles con alcohol y batidos, y leche de cabra;
- sustancias a medio camino de la medicina: jalea real, complejos vitamínicos y también fármacos y preparados hormonales, que solo debe elegir un médico.
En las antiguas listas de afrodisíacos aparecían también plantas venenosas o psicoactivas, como la ruda siria (harmala), las semillas de ciertas campanillas o los cactus que contienen alcaloides. Su uso es peligroso y no debe probarse.
Los afrodisíacos en el pasado
En la Edad Media, las brujas tenían fama de saber preparar elixires mágicos que avivaban el deseo sexual. Entre los ingredientes típicos de esas mezclas estaban la resina de los árboles, testículos de animales, ostras, lagartijas, codornices, alubias y cabellos del hombre al que se quería hechizar. Más tarde se sumaron los tomates, llamados «manzanas del amor», claro está, solo después de que Colón llegara a América. Entre las verduras, hacían de afrodisíacos las alcachofas, los espárragos, el puerro, la chirivía, el nabo, la lechuga y la col, y entre las setas, las trufas.
Entre los remedios vegetales estaba la mandrágora, una planta muy venenosa, y una orquídea, la orquídea rana (Coeloglossum), cuya hierba se disolvía en leche de cabra. También era popular el cuerno de rinoceronte en polvo, considerado erróneamente afrodisíaco. En China, la raíz de ginseng se ha apreciado durante siglos.
Entre las mujeres era habitual preparar platos y pócimas que debían avivar el deseo de la pareja. Algunas recetas antiguas eran directamente drásticas y hoy más bien causan asombro: una aconsejaba preparar al marido un plato con un pez que antes se había introducido vivo en la vagina hasta que moría. También era popular untarse la piel con miel y cubrirla de trigo. Después se raspaba el grano y se molía en un molinillo de mano, y lo más importante era girar la manivela en sentido contrario a las agujas del reloj: girarla en el otro sentido provocaba, al parecer, impotencia. Con la harina así obtenida se horneaba un pan que se servía a la pareja. También importaba cómo se amasaba la masa: había que hacerlo entre los muslos, y cuanto más arriba, mejor sería el efecto.
Primera publicación (original en polaco): 3 de marzo de 2009. Escrito por astrólogos y especialistas en esoterismo que colaboran con nuestra redacción; revisado y traducido para HOROSCOP.SPACE. © Todos los derechos reservados.
