La magia acompaña a la humanidad desde los albores de la historia, y a su alrededor ha surgido todo un vocabulario que a menudo se usa con poca precisión. Este diccionario ordena los conceptos más importantes: desde la visión antropológica de la magia, pasando por sus tipos y modelos, hasta la postura del cristianismo ante las prácticas mágicas.
Visión antropológica de la magia
La antropología moderna estudia la magia en el marco del pensamiento mítico y en relación con la manera en que cada cultura percibe las causas de los fenómenos que la rodean.
Bronislaw Malinowski, uno de los principales representantes del funcionalismo en antropología, se interesó sobre todo por cuándo y para qué recurren las personas a la magia.
Según él, la magia aparece allí donde el resultado de la acción humana depende del azar y la esperanza se mezcla con el miedo, y no se da allí donde una empresa es segura y está plenamente controlada por la técnica racional. También acompaña a las situaciones peligrosas y desaparece cuando las personas se sienten completamente a salvo. Malinowski subrayaba además su función social: la magia ordena y da ritmo al trabajo colectivo, y su papel cultural consiste en llenar los vacíos en aquellos ámbitos importantes de la vida que el ser humano aún no domina por completo.
A diferencia del enfoque científico, una parte de la sociedad actual identifica la magia con la superstición o el folclore y considera las prácticas mágicas ineficaces o incluso fraudulentas. Pese a estas connotaciones negativas, la magia ha arraigado en la cultura popular como elemento fijo de la literatura fantástica, los cuentos infantiles e incluso las campañas publicitarias.
Magia blanca, negra y gris
Las opiniones sobre la diferencia entre magia blanca y negra varían mucho. La mayoría de los magos modernos, sobre todo en la tradición occidental, no atribuyen ningún color a la magia: la consideran solo una herramienta cuyo uso depende exclusivamente de la voluntad del mago; es el mago quien puede ser «negro» o «blanco», no su herramienta. En Siberia, en cambio, existe una división estricta entre chamanes «blancos» y «negros», determinada por lo general por completo por su linaje. En parte de la Europa medieval esa división era estricta, mientras que en otras regiones lo era mucho menos. La forma en que se entendía entonces la magia –como recurso a fuerzas demoníacas (que originalmente, por ejemplo en las creencias de griegos o eslavos, eran ambivalentes) o divinas– muestra también enfoques distintos a la hora de clasificarla. Así pues, que una parte de los brujos, magos y chamanes actuales no distinga tipos de magia no puede atribuirse únicamente a la cultura occidental moderna (las ideas de libertad individual, liberalismo y democracia).
En la cultura popular, la magia blanca suele ser la que se usa para fines buenos y por medios buenos, mientras que la magia negra sirve al mal y a intenciones perversas, y suele asociarse con prácticas oscuras. Un enfoque parecido se aplica en la religión wicca, donde la magia se distingue según el principio «Haz lo que quieras mientras no dañes a nadie»: los actos que no perjudican a nadie cuentan como magia blanca y los que causan daño, como magia negra. Según Aleister Crowley, la magia blanca es toda acción del mago realizada de acuerdo con su Voluntad (lo cual no equivale a hacer lo que a uno le apetezca; véase Thelema), mientras que consideraba magia negra todos los actos mágicos contrarios a la Voluntad. Curiosamente, aunque Crowley defendía su propia filosofía de la Voluntad y, por tanto, no debería haber usado otra magia que la blanca, en su casa de Escocia tenía al parecer dos habitaciones separadas: una para la magia blanca y otra para la negra. Como los límites que trazan estos conceptos no siempre son nítidos, surgió también el término «magia gris», que designa la magia que se mueve en la frontera entre ambas.
El cristianismo ante la magia
La Biblia, al igual que el Corán, se opone a las prácticas mágicas. Los pasajes citados con más frecuencia son:
- Deuteronomio 18,10–12: prohíbe que haya en el pueblo adivinos, hechiceros, encantadores, consultores de espíritus o quienes invocan a los muertos, porque quien hace estas cosas es «abominación para el Señor».
- Levítico 19,31: manda no acudir a los nigromantes ni a los adivinos, porque el contacto con ellos vuelve impura a la persona.
- Levítico 20,6: anuncia que Dios se pondrá en contra de quien busque a nigromantes y adivinos y lo eliminará de su pueblo.
- Hechos 8,9–20: cuenta la historia de Simón, que con la hechicería se ganó seguidores en Samaria, se bautizó y luego quiso comprar a los apóstoles el poder de conceder el Espíritu Santo; Pedro lo reprendió con dureza, y de su nombre procede el término «simonía».
- Hechos 16,16–18: describe cómo Pablo, en Filipos, expulsó un espíritu de adivinación de una esclava cuyas predicciones daban grandes ganancias a sus amos.
- Hechos 19,19: relata que en Éfeso muchos antiguos practicantes de la magia quemaron públicamente sus libros, cuyo valor se calculó en cincuenta mil monedas de plata.
Según los clérigos de algunas confesiones, sobre todo monoteístas como el cristianismo, cualquier uso de la magia –se la llame blanca o negra– tiene un origen maligno y está prohibido. Los estudiosos de la Biblia sostienen que las prácticas mágicas surgen de una interacción entre la voluntad humana y una esfera espiritual que algunas interpretaciones bíblicas identifican con lo demoníaco (de ella protegerían, por ejemplo, la oración y el ministerio de los exorcistas). Estas interacciones se caracterizarían por el interés propio de las fuerzas demoníacas, de modo que toda forma de práctica mágica acabaría teniendo, en mayor o menor grado, un efecto destructivo sobre la persona. Según los partidarios de esta visión, las consecuencias –atadura espiritual, posesión, sufrimiento físico y psíquico– pueden manifestarse tanto mientras se practican como mucho después de que la persona las haya abandonado.
Etimología de la palabra «magia»
La palabra «magia» procede de los magos (persa antiguo maguš, griego μάγος), sacerdotes-astrólogos del zoroastrismo procedentes del pueblo medo. En la época helenística, el griego μάγος (magos) podía usarse como adjetivo, pero ya en el siglo I (en Plutarco) está atestiguado también el adjetivo μαγικός (magikos, latín magicus), que suele aparecer en femenino en la expresión μαγική τέχνη (magike techne, latín ars magica), «arte mágica». La palabra inglesa magic empezó a usarse a finales del siglo XIV, tomada del francés antiguo magique.
Mago, brujo, chamán
Persona que practica la magia. Utiliza diversos gestos y conjuros, pronuncia invocaciones y realiza otros actos rituales destinados a darle poder sobre fuerzas sobrenaturales, que –según su convicción– le permiten cambiar la realidad. El término designa también a quien desempeña una función religiosa basada en un vínculo extático, formalizado e institucionalizado, con seres sobrehumanos: espíritus de los antepasados, demonios o dioses.
Magia (hechicería)
Prácticas destinadas a influir en personas, objetos, acontecimientos o fenómenos físicos mediante medios paranormales u ocultos, es decir, medios que en principio no pueden verificarse con el método científico y que chocan con el enfoque racionalista.
Estos términos pueden referirse también a las prácticas que alguien utiliza para ejercer esa influencia, así como a las creencias que explican numerosos acontecimientos y fenómenos en clave mágica.
Algunos magos actuales rechazan los rituales tradicionales en favor de técnicas inspiradas en la psicología o la PNL. Como no es posible demostrar un vínculo entre el medio empleado y un posible efecto, la eficacia de los actos mágicos y la existencia de las fuerzas sobrenaturales que postula la magia siguen siendo una cuestión de fe.
La creencia en la magia está extendida en la mayoría de los sistemas de creencias étnicos: en las comunidades tribales de África y Oceanía, entre los pueblos indígenas de América, en las antiguas religiones nativas de Europa y entre parte de sus continuadores actuales. En muchos países europeos la brujería se castigó con la muerte, normalmente en la hoguera, hasta el siglo XVIII.
Magia y religión
En ambas formas de actividad humana existe la creencia en un mundo suprasensible, es decir, no verificable de forma experimental. En la magia, como en la religión, las fuerzas sobrenaturales pueden personificarse (por ejemplo, como genios o demonios), pero hay una diferencia fundamental en la relación con ellas: en la magia no se produce un contacto psíquico complejo entre quien oficia el rito y el espíritu al que se dirige; si el rito fracasa, se atribuye a la falta de habilidad del mago y no, como en la religión, a la voluntad de la divinidad. Otra diferencia importante es que quien piensa de forma mágica, como un chamán, supone que sus prácticas le dan influencia sobre el curso de los acontecimientos y, si encuentra dificultades, concluye que se ha topado con una magia más fuerte. Quien piensa de forma religiosa (un sacerdote) supone, en cambio, que no puede influir en los seres espirituales, sino solo aplacarlos, por ejemplo con la oración. El pensamiento mágico presupone, por tanto, la capacidad de acción del ser humano; el religioso, que el curso del mundo depende de seres superiores, los dioses.
Otra diferencia importante es el aspecto soteriológico: la religión gira en torno a la idea de la vida de ultratumba, y la preocupación por el destino del alma tras la muerte es uno de sus rasgos distintivos. La magia también se ocupa del contacto con lo trascendente, pero es más pragmática. Según Malinowski, la magia sirve para alcanzar objetivos concretos y prácticos, y ha estado siempre presente en la mente de los miembros de las sociedades tradicionales.
Magia cotidiana
Quienes creen en la magia consideran que nos la encontramos en todas las etapas de la vida, a menudo sin darnos cuenta. Su manifestación más visible sería el poder del pensamiento: nuestras creencias moldean nuestra experiencia. Si, por ejemplo, nos han enseñado o hemos decidido por nuestra cuenta que cierto autobús llega tarde muy a menudo, entonces –según esta visión– la próxima vez que vayamos a la parada lo más probable es que vuelva a retrasarse.
Aunque los psicólogos han descrito en parte algunos aspectos de este fenómeno, gran parte de la sociedad sigue considerándolo magia pura. Algunos magos sostienen abiertamente que aquello a lo que prestamos mucha atención tiene más posibilidades de cumplirse, ya sea un temor o un deseo. Los esoteristas recurren a menudo a esta idea cuando intentan desarrollar capacidades paranormales cambiando la convicción, inculcada en la infancia, por ejemplo por los padres, de que las capacidades sobrenaturales son imposibles.
Magia simpática
Los practicantes de la magia suponen que toda acción relacionada con una esfera concreta del ser debería influir en las cosas que dependen de ella, pese a la aparente falta de relación de causa y efecto entre la acción y su resultado esperado. Según este modo de pensar, toda acción semejante, análoga, debería producir efectos análogos. James Frazer llamó magia simpática a la magia así entendida y distinguió en ella dos formas: la magia homeopática (imitativa), basada en la semejanza, y la magia contaminante (por contacto), basada en el contacto.
Magick
En el mundo existen muchas organizaciones y personas que creen en la posibilidad real de practicar la magia. El mago y ocultista Aleister Crowley, para distinguir la magia verdadera de los trucos de ilusionismo, introdujo en inglés el término magick (añadiendo una «k» a la palabra magic). En polaco se sigue usando sobre todo la palabra «magia» para ambos sentidos, aunque las traducciones polacas de Crowley recurren a menudo a la forma «magija». En una de sus obras Crowley escribió: «La MAGICK es la ciencia y el arte de provocar cambios de conformidad con la Voluntad».
Ilustró esta definición con un ejemplo sencillo: escribir y publicar un libro es, para él, un acto de magick. La pluma, la tinta y el papel son las «armas mágicas»; las frases, «encantamientos» en un lenguaje que entienden los lectores; y los impresores, editores y libreros, los «espíritus» que el autor invoca para que lleven su mensaje a la gente. Así provoca un cambio conforme a su Voluntad.
Modelos de la magia
La idea de magia acompaña a la humanidad desde el principio de la historia. Los distintos pueblos intentaron explicar a su manera los fenómenos del mundo que los rodeaba y después influir en ellos en su propio beneficio. Por eso las prácticas mágicas que conocemos hoy son tan variadas y parten de principios muy distintos sobre cómo funciona la realidad y cómo influir en ella. Aun así, pueden agruparse en varios modelos.
El modelo espiritual
Probablemente el modelo de magia más antiguo, presente sobre todo en el chamanismo. Presupone la existencia de otros mundos habitados por seres espirituales como espíritus, demonios o ángeles. Según el sistema, el mago entra en el más allá (normalmente solo con la mente, mediante el trance o el éxtasis) y realiza actos mágicos mientras viaja por él, o bien crea un espacio cerrado (por ejemplo, un círculo) en el que invoca al mundo espiritual o a sus habitantes. En este segundo caso, el espíritu cumple las tareas encomendadas actuando sobre el mundo material desde el más allá, o bien entra en el mago, que obtiene así capacidades adicionales.
Desde esta perspectiva, todos los actos mágicos los realizan en realidad seres espirituales, a los que el mago debe convencer o someter a su voluntad. Para ello se recurre a oraciones, promesas de servicios, la aceptación de determinados tabúes e incluso la intimidación mediante conjuros o mediante los «superiores» espirituales del ser en cuestión.
Entre los sistemas mágicos basados en este modelo están el chamanismo, la teúrgia y la goecia. Entre sus representantes se cita al legendario rey Salomón, a quien la tradición atribuye libros de magia, a John Dee y, en tiempos más recientes, a Aleister Crowley.
El modelo energético
Este modelo es probablemente apenas más reciente que el espiritual. Supone que el mundo visible está impregnado por una energía vital omnipresente, que recibe distintos nombres según la cultura: prana, qi, ki, maná y, en Europa, vis vitalis, vril o fluido magnético. Según este modelo, los procesos del mundo visible son efecto de la acción de esas energías sutiles, y la magia consiste en dirigir su flujo de modo que se produzca el efecto deseado a gran escala. Como en el modelo espiritual, aquí se recurre también a un trance mágico que acalla la parte lógica de la mente, para que el mago perciba y actúe de forma puramente intuitiva.
Este modelo lo utilizan sobre todo los sistemas mágicos y ocultistas orientales y las prácticas afines: el huna, la mayoría de las variantes del yoga, la medicina tradicional china y el feng shui, el reiki y las artes marciales, especialmente el taichí y el qigong. En Occidente aparece por primera vez en Mesmer, con su concepto de magnetismo animal, y después en la teosofía de Helena Blavatsky. El movimiento New Age lo popularizó a gran escala.
El modelo psicológico
Este modelo, en realidad, no explica cómo funciona la magia; se limita a sostener que el responsable es el subconsciente, que puede programarse para lograr los cambios deseados. Esa programación se realiza mediante símbolos y autosugestión en un estado mental particular que los budistas llaman samadhi y los magos del caos, gnosis.
Un mago que trabaja con este modelo no necesita en la práctica seres espirituales ni energías sutiles: le basta con programar estados mentales en la psique. Sin embargo, en la práctica los magos que usan este modelo aceptan a menudo la existencia de espíritus o energías, lo que les permitiría, por ejemplo, cargar los sigilos de energía para reforzar o acelerar su efecto.
El mago más conocido que aplicó este modelo fue Austin Osman Spare, cuya magia de sigilos es en esencia una inversión de la teoría freudiana de los complejos. El mago concentra su intención en un sigilo, es decir, un símbolo gráfico o sonoro creado por él, y luego lo olvida, eliminándolo de la conciencia. El sigilo permanece, sin embargo, en el subconsciente, donde forma una especie de complejo artificial que empieza a influir en los actos del mago de forma parecida a los miedos reprimidos corrientes.
El modelo psicológico de la magia se hizo popular primero en el mundo anglosajón y en los años setenta del siglo XX se convirtió en el paradigma mágico dominante en la cultura occidental. Entre sus seguidores figuraron Israel Regardie, Dion Fortune y Peter Carroll.
El modelo informacional
El modelo de magia más reciente, que data de finales de los años ochenta del siglo XX. Se basa en el supuesto de que existe una energía cósmica que puede moldearse mediante la información, y de que la información es distinta de la masa y de la energía, aunque puede unirse a ellas.
Los magos que utilizan el modelo informacional (llamados a veces «cibermagos») no recurren al trance mágico en su práctica, lo que los distingue de los demás magos. En un estado mental normal, se sirven más bien de los centros de almacenamiento y procesamiento de la información: el cerebro y los chakras situados a lo largo de la columna. Creen que así dan dirección al flujo de información, que moldea la energía cósmica del modo deseado. A diferencia de otros sistemas de magia, aquí la información no se gasta, sino que se copia entre sistemas energéticos.
Así pues, pese a su imagen moderna, este modelo parece derivar del energético. Además de conocimientos prácticos de programación y administración de sistemas informáticos, el cibermago debería dominar la meditación y alguna técnica para desarrollar el sistema energético, como el yoga.
La teoría es muy reciente y sigue desarrollándose, sobre todo en la orden de los Illuminates of Thanateros. Según su creador, Frater U.D., ha permitido lograr éxitos notables en la comunicación y la sanación mágicas, aunque se trata de afirmaciones de practicantes, no de resultados de investigaciones independientes.
Primera publicación (original en polaco): 14 de enero de 2009. Escrito por astrólogos y especialistas en esoterismo que colaboran con nuestra redacción; revisado y traducido para HOROSCOP.SPACE. © Todos los derechos reservados.
