El estado entre la vigilia y el sueño fascina desde hace siglos a místicos, esoteristas e investigadores de la mente humana. Es precisamente entonces cuando la mente es más receptiva a la sugestión, y en ello se basan tanto las técnicas de autosugestión como las prácticas para recordar y moldear conscientemente los sueños. En este artículo te presentamos un método sencillo de relajación profunda con elementos de autosugestión, así como los pasos que llevan de recordar los sueños a vivirlos de forma consciente.
Autosugestión y relajación profunda
La autohipnosis, desde el punto de vista esotérico, es ante todo la capacidad de relajarse profundamente y dirigirse a uno mismo sugestiones tranquilas y positivas. Requiere práctica y paciencia, y no todo el mundo lo consigue a la primera. Lo fundamental es relajarse y estar abierto a la experiencia.
Preparación
Siéntate en el sofá o en un sillón en una postura cómoda pero erguida, con los pies apoyados sin tensión, los brazos a lo largo del cuerpo y las manos relajadas. Vacía la mente de pensamientos: deja a un lado las preocupaciones cotidianas y concéntrate en la sensación de calma. Quédate así uno o dos minutos, sin pensar en nada.
Relajar el cuerpo
La relajación profunda empieza por la cabeza. Repite mentalmente que tu cabeza y tu cuello se vuelven pesados, cálidos y relajados. Recorre uno tras otro los ojos, las orejas, las mejillas, la frente y la nariz. No tengas prisa: se trata de relajar cada músculo, hasta el más pequeño. Después dirige la atención a los hombros, los costados, el vientre, la pelvis, las piernas y los dedos de los pies, repitiendo todo el tiempo que están cálidos, pesados y relajados. Al cabo de un rato, todo tu cuerpo debería estar tranquilo, cálido y blando.
Ejercicio de la mano ligera
En estado de relajación, repítete que tu brazo derecho se vuelve ligero, cada vez más ligero, tan ligero que empieza a elevarse en el aire. Concéntrate en esa sensación. Cuando la mano empiece a subir, dite que vuelve a pesar, hasta que descienda tranquilamente sobre tus rodillas. Para terminar, repite que dentro de un momento abrirás los ojos consciente, relajado, lleno de energía y con la mente más serena.
Si no sale, inténtalo en otra ocasión. Lo que más suele estorbar son las preocupaciones cotidianas, así que conviene tomar distancia de ellas antes del ejercicio. Si en cualquier momento te sientes incómodo, simplemente abre los ojos y termina el ejercicio. Esta práctica debe entenderse como una forma de serenarte y concentrarte en tus propios objetivos: influir en otras personas queda fuera de su alcance.
¿Cómo recordar los sueños?
Todos soñamos muchas cosas cada noche, pero rara vez las recordamos al despertar, y si lo hacemos, se nos escapan enseguida de la memoria. La técnica para recordar los sueños es, en esencia, una forma de autosugestión: justo antes de dormirnos, en estado de duermevela, la mente es especialmente receptiva a las órdenes que nos damos.
También conviene prestar atención a lo que cenamos. Las comidas pesadas justo antes de dormir favorecen sueños inquietos y agotadores, en los que nos quedamos en el límite de la vigilia, por eso es mejor elegir platos ligeros.
La técnica consta de cuatro pasos:
- Prepararse para dormir. Relájate todo lo que puedas. Deja junto a la cama una libreta y un bolígrafo, o una grabadora.
- Programación. Es la parte más importante de la técnica. Antes de dormirte, repítete que recordarás los sueños de esta noche y que te despertarás después de cada uno para anotarlo. También puedes proponerte que por la mañana, nada más despertar, recordarás los sueños más importantes.
- Anotar. Escribe de qué trataba el sueño, qué sentiste, qué colores predominaban y qué emociones te acompañaban.
- Análisis. Observa los sueños de la noche anterior y busca en ellos motivos y símbolos que se repitan.
De recordar los sueños a los sueños lúcidos
Para poder influir en tus sueños, primero tienes que aprender a recordarlos. Cuando lo domines, podrás pasar a la siguiente etapa: moldear lo que sueñas.
Reconocer que estás soñando
El primer paso es aprender a reconocer cuándo estás soñando. Para ello ayuda un ejercicio sencillo durante el día: elige un objeto que veas a menudo, por ejemplo, tu portátil, y cada vez que lo mires, afirma conscientemente: «ahora no estoy soñando». Cuando el hábito se consolide, el objeto empezará a aparecer también en tus sueños, y mirarlo te ayudará a darte cuenta de que estás soñando. Los sueños lúcidos se aprenden con más facilidad en los sueños coloridos y vívidos.
Planificar los sueños
El siguiente paso es planificar: por ejemplo, proponerte que en el sueño te encontrarás con una persona concreta o encontrarás un objeto determinado. Antes de dormirte, concéntrate en esa intención y repítela con calma.
Los sueños en la tradición esotérica
En la tradición esotérica, las noches coloridas y llenas de sueños se consideran señal de un viaje inconsciente por el plano astral, y los sueños lúcidos, un camino hacia las experiencias fuera del cuerpo. Quienes sostienen esta visión creen que en esas proyecciones astrales es posible encontrarse con seres superiores que transmiten indicaciones útiles más tarde, en la vigilia. Los sueños en blanco y negro, en cambio, suelen considerarse sueños corrientes, en los que la mente descarga las tensiones del día a día. Interpretes como interpretes estas experiencias, llevar un diario de sueños es una forma fascinante de conocerte mejor.
Primera publicación (original en polaco): 20 de enero de 2011. Escrito por astrólogos y especialistas en esoterismo que colaboran con nuestra redacción; revisado y traducido para HOROSCOP.SPACE. © Todos los derechos reservados.
