El afán constante del ser humano por responder a tantas preguntas desconocidas hizo que, desde el principio de la humanidad, se intentara conocer el futuro con ayuda de distintos métodos y herramientas.
Los métodos adivinatorios populares, como la quiromancia, la cartomancia, la numerología o la astrología, son solo una gota en el mar de formas de predecir el futuro que usaron nuestros antepasados en la Antigüedad y la Edad Media.
Solo en Europa se conocen unos 125 métodos de adivinación. Buscar sus raíces es tarea imposible, porque se pierden en la oscuridad de la prehistoria, de la que sabemos muy poco.
Las fuentes más antiguas nos llevan a Mesopotamia, hacia el 2600 a. C. Fue entonces cuando los adivinos del rey Sargón de Acad reunieron una colección de predicciones a partir de la observación de los hígados de animales sacrificados. Unos siglos más tarde, en tiempos de la dinastía de Hammurabi, se hizo un modelo de hígado en arcilla, acompañado de textos en escritura paleobabilónica que interpretaban los augurios.
Los sumerios y los babilonios fueron los primeros en convertir la adivinación en una institución del Estado. Allí surgió una casta aparte, los caldeos, dedicados exclusivamente a predecir acontecimientos futuros con fines públicos y políticos.
En Babilonia también se predecía el futuro a partir del vuelo de las aves, los fenómenos atmosféricos, el aspecto de las piedras o los sucesos fortuitos. Los caldeos, por ejemplo, prestaban mucha atención a los sueños y eran expertos en interpretarlos. Hoy incluso se puede comprar un diccionario de sueños caldeo.
En un momento dado se sistematizaron las distintas artes de predecir el futuro. El erudito romano Varrón (116-27 a. C.) dividió los métodos adivinatorios según los elementos: fuego, agua, aire y tierra. Los nombres técnicos de estas formas son:
– piromancia (adivinación por el fuego)
– hidromancia (adivinación por el agua)
– aeromancia (adivinación por el aire)
– geomancia (adivinación por la tierra)
Cicerón, en cambio, dividió estas formas en dos clases: la adivinación natural y la artificial o técnica. La primera requería dotes de médium; la segunda podía aprenderla casi cualquiera. Hay que saber que el arte de la predicción gozaba entonces de más éxito y reconocimiento que hoy.
El adivino desempeñaba un papel importante en la vida pública: aconsejaba a la gente sencilla, pero también a los reyes. A veces incluso ejercía de médico.
En la antigua Roma, el estudio del futuro estaba en manos de especialistas con rango de funcionarios, los augures. Adivinaban a partir de las entrañas de los animales sacrificados, del vuelo de las aves, de la observación del tiempo, etc.
Más tarde se desarrollaron la astrología, la cartomancia, la numerología, la quiromancia y otras técnicas, hoy bien conocidas y muy utilizadas para leer el futuro.
Primera publicación (original en polaco): 5 de septiembre de 2011. Escrito por astrólogos y especialistas en esoterismo que colaboran con nuestra redacción; revisado y traducido para HOROSCOP.SPACE. © Todos los derechos reservados.
